Los padres al tener un hijo favorito pueden llegar a crear una rivalidad fraterna

En algunos círculos familiares, la tendencia del favoritismo en los hijos, no es marcada, las madres y padres juegan un rol importante para que la equidad en cuanto al reconociendo de méritos y otras disciplinas, sean elogiadas de igual manera en sus hijos e hijas. Los padres, en la década de los 30, no se preocupaban por dar a los niños el mismo trato: el niño era el niño; las niñas eran la lista y la bonita.

La pediatra Barbara Howard, una pediatra de desarrollo conductual que es presidenta de Total Child Health y profesora asistente de pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, a menudo observa problemas de comportamiento causados porque un hijo siente que no es el preferido.

Sin embargo, no en todas las familias ocurre los mismo, donde la tendencia de tener favoritismo en un hijo, y se hace evidente, en las diferentes tareas en el hogar o el desempeño que realicen aun cuando el otro hijo se esfuerza en hacer lo correcto.  Ella destaca, según “Es imposible no tener favoritos, y sabemos que la percepción de favoritismo es uno de los factores más importantes en la rivalidad fraterna”.

Compartir momentos juntos: El niño tratará de llamar la atención del padre que lo rechaza porque entre más se trate de hacer que un niño se aleje de ti, más se acercará.

Si un niño se acerca a uno de sus progenitores con una actitud agresiva, dependiente, necesitada o abiertamente en busca de atención, suele pasar que al padre o la madre no le gusta mucho ese niño, o el niño lo percibe”.

Ellen Weber Libby, una psicóloga clínica y la autora de “The Favorite Child”, señala que algunas familias tienen un favoritismo cambiante, en el que la ventaja se va turnando de niño en niño por día o por semana. Ese tipo de rotación, produce una competencia saludable y normal. En preguntarle a los niños, y así ellos explicaran.

El peligro se puede presentar cuando el favoritismo es constante y persistente, y se convierte en una parte habitual de la dinámica familiar. Los psicólogos evolutivos ven la dedicación parental a los hijos, como la división de una reserva finita de recursos, y no como, una infinidad de amor.

Los “padres a veces tienen favoritos” y, en efecto, muestran una dedicación desigual, El orden de nacimiento puede tener importancia, y es posible que los hijos del medio sean los menos propensos a ser los favoritos, en comparación con los primogénitos, que monopolizan a los padres durante ese primer periodo, y muestran poca dedicación a los otros.

Otros psicólogos señalan que los efectos del favoritismo parental pueden ser más agudos en familias de escasos recursos, donde la desigualdad puede ser bastante dura. Caso contrario, en una familia próspera, el hijo favorito puede crecer con derechos, inmune a las reglas que aplican a sus hermanos.

Es importante encontrar algo que valore de cada uno de los hijos y partir de ahí. Con los niños cuyo comportamiento es problemático, se sugiere desarrollar ciertas costumbres, como un abrazo matutino antes de empezar el día.

La idea del hijo favorito puede ser una especie de alarma permanente, que sirve como recordatorio a los padres de que tienen que ser justos, y como recordatorio a los hijos de que, aunque el amor es ilimitado, la aprobación y la estima de los padres se tienen que ganar, y vale la pena competir por ellas, de manera razonable.

Ellen Weber Libby, una psicóloga clínica y la autora de “The Favorite Child”, dice que algunas familias tienen un favoritismo cambiante, en el que la ventaja se va turnando de niño en niño por día o por semana. Ese tipo de rotación, comenta, produce una competencia saludable y normal.

Pregunten a los niños, explica, y lo dirán. “Por lo general, los que no lo saben son los padres, que viven en negación porque existe el mito de que es malo tener un hijo favorito”.

El peligro viene cuando el favoritismo es constante y persistente, y se convierte en una parte habitual de la dinámica familiar.

En un buen día, la idea del hijo favorito puede ser una especie de chiste permanente, que sirve como recordatorio a los padres de que tienen que ser justos, y como recordatorio a los hijos de que aunque el amor es ilimitado, la aprobación y la estima de los padres se tienen que ganar, y vale la pena competir por ellas, de manera razonable.